Crónicas del Aquí y Ahora

Hace un par de años estaba en la autopista, en una zona a unos cuantos kilómetros de Buenos Aires. Era después del mediodía. Tenía una reunión importante al llegar y llegaba justo, si todo iba bien. Pero no todo fue bien. Como tantas otras veces, se empezó a frenar el tránsito, primero de a poco hasta convertirse en un trancón. En realidad no fue un trancón, fue el trancón. El más intenso y trabado de mi vida. 

Observe lo que pasaba en mi cuerpo: estaba inclinado hacia el volante, como si mi avance de escasos centímetros fuese a empujar los autos de adelante, sentía tensión en los hombros y los brazos, apretaba el volante como si quisiera moldearlo a fuerza, la mandíbula apretada, respiración más corta. Algunos improperios, quizá muchos. La mente corriendo en círculos por tres o cuatros pensamientos: “¿qué pasa?”, “no llego”, “¿cómo voy a hacer?”, “justo hoy”. 

Y noté algo más: solo miraba para adelante. A veces movía la cabeza arriba a la esquina izquierda del parabrisas para vislumbrar algún movimiento de autos lejanos o incluso luces de policía, algún indicio o explicación. Lo único que podía hacer era mirar para adelante, el embotellamiento. Nada más. El retraso. La reunión que se complicaba. Las consecuencias.

Como era lejos de Buenos Aires, había mucho campo a los lados. ¡Que hermoso ambiente! Un día precioso para estar ahí, pero no podía verlo. Campos verdes, horizonte infinito, el embotellamiento casi no se movía, así que podía tener largos minutos de poder mirar y disfrutar. El sol brillaba y sin embargo dentro del auto no hacía calor. Era un día precioso. 

Todo estaba ahí y, sin embargo, se había vuelto invisible.

Esa es la función del estrés: enfocar toda tu atención en aquello que el sistema nervioso evalúa como amenazante o problemático, y hacer que el resto —incluso lo que podría ayudarte— desaparezca de tu campo perceptivo.

No es un defecto. Es un diseño inmemorial y ancestral.

El cerebro bajo presión: qué desaparece primero

La investigación en neurociencia del estrés documenta algo que cualquiera puede reconocer en su propia experiencia: cuando el sistema de amenaza se activa, la percepción se estrecha.

Los estudios muestran que bajo estrés agudo, la corteza prefrontal —la región del cerebro encargada de la perspectiva, la planificación y la toma de decisiones conscientes— reduce significativamente su actividad. Al mismo tiempo, estructuras como la amígdala, que, entre otras cosas, detectan peligros y disparan respuestas automáticas, se vuelven hiperactivas.

El resultado práctico es este: ves menos opciones. Sos menos flexible. Perdés acceso a información que en otro momento tendrías disponible.

No porque seas menos inteligente bajo estrés. Sino porque tu cerebro está priorizando velocidad sobre precisión.

Esto fue útil cuando la amenaza era un depredador. La velocidad salvaba vidas. Pero cuando la “amenaza” es un email difícil, una conversación incómoda, o una preocupación por el futuro, esa misma velocidad te deja operando con una fracción de la información que realmente está disponible.

Lo que no ves cuando reaccionás

Cuando estamos en modo reactivo —sea por estrés, ansiedad, enojo o cualquier emoción intensa— hay al menos tres cosas que se vuelven invisibles, y que marcan la diferencia entre quedar atrapado en la reacción o poder responder de otra manera.

1. No ves las señales tempranas en tu cuerpo

La reactividad emocional no empieza en la mente. Empieza en el cuerpo.

Antes de que piense “esto me estresa” o “esto me enoja”, el cuerpo ya respondió: el corazón se acelera, los músculos se tensan, la respiración cambia. Las señales no necesariamente son evidentes ni son iguales para todos, pero ahí están. Esas señales corporales son la primera información disponible de que algo se está activando.

Pero cuando ya estás reactivo, no las ves. Recién las notas después, cuando ya explotaste, cuando ya te cerraste, cuando ya dijiste algo que no querías decir.

La práctica de mindfulness entrena específicamente esto: al volverte muy eficaz en reconocer la experiencia del momento presente, podés reconocer las señales tempranas antes de que la reacción te tome por completo.

2. No ves el contexto más amplio

Bajo estrés, la atención se fija en el problema. Y solo en el problema.

Volviendo al embotellamiento: el retraso era real. Pero también era real que estaba seguro, que tenía recursos, que podía hacer llamadas, que había formas de reorganizar. De hecho por largos minutos, tenía oportunidad de hacerlo. Todo eso estaba disponible, pero invisible.

Esta es una de las razones por las que el estrés crónico es tan desgastante: no es solo que vivís situaciones difíciles. Es que vivís esas situaciones sin poder ver lo que también está funcionando, lo que también está ahí, lo que podría darte apoyo.

Los estudios sobre resiliencia muestran que una de las características de las personas que atraviesan situaciones adversas con menos desgaste es precisamente esta: la capacidad de mantener una atención más amplia. De ver no solo el problema, sino también los recursos disponibles.

3. No ves que tenés opciones

Esto es quizás lo más importante.

Cuando estás completamente tomado por la reactividad, la experiencia se siente como si no hubiera elección. Como si “esto es así” y no hay nada que hacer.

Pero esa sensación de inevitabilidad es parte del estado reactivo mismo. No es la realidad objetiva de la situación.

Metaanálisis recientes sobre programas basados en mindfulness —como MBSR y MBEB— muestran consistentemente que una de las áreas donde aparecen cambios más significativos es en lo que se llama “flexibilidad cognitiva”: la capacidad de ver opciones donde antes no las veías.

No porque las opciones no estuvieran. Sino porque el modo reactivo las hacía invisibles.

MBSR y MBEB: entrenando la visibilidad

Tanto el Programa de Reducción de Estrés (MBSR) como el Programa de Mindfulness y Equilibrio Emocional (MBEB) trabajan exactamente sobre esto: entrenar la capacidad de ver lo que se vuelve invisible bajo estrés y reactividad emocional.

MBSR pone el foco en el territorio del estrés: cómo se activa, cómo se sostiene, qué señales da en el cuerpo, qué patrones mentales lo alimentan. Entrenás para reconocer el estrés en etapas más tempranas, para ver el contexto más amplio incluso cuando la situación es difícil, y para responder con más flexibilidad.

MBEB pone el foco en el territorio emocional: cómo emergen las emociones, cómo impactan las emociones difíciles, cómo reaccionás automáticamente a ellas, qué patrones sostienen la reactividad. Entrenás para ver las emociones mientras surgen, para sostenerlas sin quedar arrastrado, y para relacionarte con ellas de formas más sabias.

Ambos programas entrenan el mismo mecanismo base: la capacidad de estar presente con lo que es, de verlo con claridad, y de elegir tu respuesta.

Los metaanálisis sobre MBSR documentan reducciones significativas en estrés percibido, ansiedad, y síntomas físicos relacionados con estrés crónico. Los estudios sobre regulación emocional en contextos de mindfulness muestran mejoras en la capacidad de reconocer emociones, sostenerlas sin reactividad, y responder de formas más adaptativas.

Esto no es autoayuda genérica. De hecho, integra la idea de que no tenés que irte a otro lado para cambiar, sino aprender a estar distinto exactamente donde estás. Es entrenamiento sistemático basado en décadas de investigación y milenios de práctica contemplativa.

La diferencia entre estar estresado y poder verlo

Hay una frase que Jon Kabat-Zinn, el creador del programa MBSR, que dice: “No podés parar las olas, pero podés aprender a surfearlas.”

No se trata de eliminar el estrés. No se trata de no sentir emociones difíciles. Se trata de poder verlas mientras suceden.

Porque cuando ves el estrés mientras se activa, tenés una oportunidad que antes no tenías: la de responder en lugar de reaccionar. De hacer una pausa. De recordar que hay más experiencia disponible de la que tu sistema nervioso te deja ver.

Y esa capacidad —que parece simple pero que requiere entrenamiento— es lo que marca la diferencia entre vivir a merced de tus reacciones automáticas o poder elegir cómo querés estar en tu vida.

El problema no es el estrés. No son las emociones difíciles.

El problema es lo que se vuelve invisible cuando aparecen.

Mindfulness entrena la capacidad de ver.

Y cuando ves, podés elegir.


Una invitación concreta

Llevamos más de 20 años acompañando a personas en este entrenamiento. María Noel Anchorena, con quien fundamos y dirigimos las Sociedad, no solo somos instructores certificados, sino también entrenadores de instructores y nuestros propios instructores tienen décadas de práctica y enseñanza y en ese tiempo hemos visto cómo funciona esto en miles de personas.

No se trata de creer nada, sino de que lo pruebes.

El martes 15 de abril voy a dar una clase abierta gratuita donde te muestro cómo funciona este entrenamiento en la práctica. Vas a experimentar por vos mismo qué significa empezar a ver lo que el estrés y la reactividad te impiden ver. Y voy a presentar los programas MBSR y MBEB que empiezan a fin de mes.

La clase dura 90 minutos, es por Zoom, y no tiene costo. Solo necesitás inscribirte.

Si después de la clase te interesa seguir, los programas de 8 semanas empiezan entre el 28 y 30 de abril. Tenemos grupos online y uno presencial en Buenos Aires.

Y si querés profundizar en este tema antes de la clase, grabé un video explicando esto mismo de forma más extendida:

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